Hace un año por estas fechas, un giro en mi vida me hizo decir “tararí que te vi” a mi puesto de chico para todo en una empresa en Madrid. Varios años soñando con dejar la consultoría y acabar por fin en un cliente final, para mandarlo todo al guano en cuestión de seis meses y largarme a Alemania.
Podría disfrazar los motivos y decir que fue por mi futuro, por un salto cualitativo, por hartazgo de España…pero lo cierto es que lo hice por una mujer.
Una vez allí, pude sobrevivir unos meses con mi flamante prestación por desempleo, versión Europa, como los Tomtom. Mis casi seis añitos cotizados, que me garantizarían dieciocho meses de subsidio máximo, se convirtieron en tres meses al pedir la exportación, lo que me dejaba un margen reducido de maniobra, pero suficiente para encontrar algo.
Pero no fue así.
Pancho valoró las promesas iniciales. Querían que él tomase un rol de mentoring en un proyecto SaaS de última generación, orientado a objetos y que prometía cambiar las reglas del juego.
Habría stock options, un ambiente laboral amigable y un avispado director, profundamente implicado en el proceso de diseño. Jerga mágica aparte, sonaba prometedor y las entrevistas fueron bien.
La pequeña oficina estaba distribuida como un Starbucks, iluminada tan tenuemente, que probablemente provocase fatiga visual. Los programadores se sentaban alrededor de una larga mesa, frente a sus portátiles, bromeando sobre el café. Era todo muy familiar y Pancho no era parte del grupo aún. Tendrían que olisquearse los traseros y decidir quien era el macho alfa en la manada.
Pero eso vendría después. Durante su primera semana, Pancho solo quería zambullirse en el código y empezar a aprender el software. Cogió la última versión del servidor y la arrancó. Y esperó. Y fue a por café. Y esperó. Finalmente, la página splash apareció, desapareció y continuó esperando la siguiente pantalla.
“¿Alguna razón para que esto sea tan lento?”, preguntó Pancho, pensando en si había olvidado algún paso o desconfigurado algo.
Una vez más, soplaron vientos de cambio.
Como ya dije hace un par de meses, no iba a quedarme de brazos cruzados, mientras me meaban encima y me decían que llueve. Pues bien, la suerte me ha acompañado y he recalado en las filas de una empresa de automatización de farmacias.
No penséis nada raro. Buscaban un encargado de IT y les he caído en gracia. No puedo contar mucho más del tema, por confidencialidad, pero diré que hasta ahora no contaban con un departamento dedicado a ello y ese será y trabajo. Centralizar la información mediante una red que una todas las sedes -en todos los sentidos-, dar soporte a los empleados, diseñar y aplicar políticas de seguridad y, en general, lo que se les ocurra a mis jefes.
Es como volver a mi adorada LMI, pero sin las movidas que caracterizaron esa época. Vuelvo a hablar geek, vuelvo a pasarme el día buscando mejorar el trabajo de los demás, vuelvo a tirarme al suelo a montar switches…¡y hasta tengo mi propio robot dispensador! xD
Lo mejor de todo, es que la empresa tiene su sede social en Málaga capital, así que de vez en cuando me toca bajar a “goler” por allí.
A decir verdad, mi oficina está al norte de Madrid. En Ajalvir, concretamente. Cincuenta kilómetros separan mi casa del curro ahora. Así que, lo primero que he hecho, es prejubilar a mi amadísimo Focusín y agenciarme un Skoda Octavia -del que ya colgaré fotos, cuando lo lave xD-, al que apodaré cariñosa e indistintamente “Octavio” y “el tanque”, por sugerencia de una amiga. Pero eso es harina de otro costal ;P
¿Qué busco aquí? Es la pregunta más repetida desde hace un mes.
Pues busco, principalmente, quitarme el óxido acumulado en los últimos meses, entre bancos y ministerios.
En segundo lugar, quiero ver si soy capaz de desplegar y llevar un departamento de IT yo sólo, con todo lo que ello conlleva. Soporte, I+D+i, proveedores (hosting+comunicaciones+hard/soft), políticas de seguridad (LSSICE/LOPD)…y quizá en un futuro, algún técnico a mi mando. No sé, tengo muchas expectativas puestas en este proyecto.
Aunque el gerente es alemán, la empresa es muy malagueña. Me han caído muy bien todos y me gusta su “misión & visión”. Me gustaría poder hacer que esto vaya mejor aún.
Y, como siempre, ir ampliando experiencia para un eventual nuevo salto
Así que, nada. Ilusiones renovadas -que ya tocaba, después del ninguneo bancario-, pilas cargadas y al toro por los cuennos. Últimamente no tengo horario fijo pero, francamente, me da igual. Me llena mucho lo que estoy haciendo y hacía meses que quería poder decirlo en alto sin mentirme a mi mismo.
Como siempre, gracias a todos por vuestro apoyo y vuestras palmadas en la frente. Gracias a eso, he reaccionado a tiempo y el azar ha querido que fuese el momento justo ![]()
¡Stay tuned!
Ah…y el blog no cierra, tranquilos xD
Son las 12.30 y estoy haciendo tiempo antes de comer.
Hoy estreno puesto en el banco y, francamente, si ya me frustraba rellenar ficheros de configuración, hacer pruebas de carga se me antoja como sexar la misma caja de pollos todos los días, con Juan Pardo de fondo.
12 de Mayo. Ayer se cumplieron cuatro años desde que le dijese tararí a la innombrable y a mi ciudad natal y, por motivos parecidos, estoy a una entrevista de distancia de volver a hacerlo, aunque sin migración esta vez (al menos por ahora).
He tardado en darme cuenta, pero más vale tarde que nunca. No pienso oxidarme con veintiseis años, mientras me torean por todos los flancos. No, sencillamente. Y aunque el próximo post, lo tenga que escribir debajo de un puente, no pienso resignarme a ser el mamporrero de nadie.
Punto y pelota. Y hasta el próximo aniversario.
Mientras preparo mentalmente la maletilla y soluciono unas incidencias en banestolandia, os dejo unas viñetas del gran Forges. Así, a lo actualidad, que me han hecho mucha gracia
Extraído de http://www.diariometro.es/es/article/2007/05/07/08/4818-53/index.xml (y recibido de Gema :P)
Los jefes de RR HH encuentran de todo: confesar ser una prostituta o no querer trabajar
La revista Fortune enumera algunos de los errores encontrados en currículos:
1. Añadir una carta de recomendación de la madre.
2. Usar un rotulador azul pálido para dibujar encantadores ositos en los bordes del texto de presentación.
3. Confesar que los tres últimos meses no tenías trabajo porque estabas superando la muerte de tu gato.
4. Exigir que tu disponibilidad está limitada de lunes a jueves porque el viernes, sábado y domingo “es tiempo de bebida”.
5. Incluir una imagen de la candidata al puesto con el uniforme de cheerleader.
6. Dibujar un coche en el sobre y afirmar que podría ser un regalo para el jefe.
7. Afirmar que una de las aficiones es sentarse en un dique para ver caimanes.
8. Mencionar que una hermana fue ganadora, en una ocasión, de una competición de comer fresas.
9. Destacar que trabaja muy bien el desnudo.
10. Recordar tener antecedentes penales por robar un cerdo, “pero era muy pequeño”.
En uno de los capítulos de Friends, el surrealista personaje de Phoebe Buffay busca una oportunidad laboral como masajista: “Ya que en el último sitio donde trabajé me echaron porque creían que era una puta”. Los guionistas de esta popular serie se han quedado cortos después de leer lo que ha publicado la revista Fortune sobre lo que nunca debe aparecer encima de la mesa de un jefe de Recursos Humanos:?confesar antecedentes penales, adjuntar una carta de recomendación de la madre…
¿Y en España somos así? Metro ha trasladado esta pregunta a diferentes agencias de trabajo temporal para descubrir una antología del disparatado currículo español. Read more…
Confía en ti mismo y conseguirás todo lo que te propongas
Cuántos padres duermen a sus hijos con esas palabras. Cuántos hijos sueñan despiertos con eso. Luego, a medida que vas creciendo, pasas por fases opuestas respecto a esa afirmación.
La adolescencia, la vida fácil, te hacen pensar que puedes hacerlo todo. Que DEBES hacerlo todo y ya.
Cumples los dieciocho y empieza la universidad. La carrera se hace tan cuesta arriba…empiezas a trabajar y te sientes pisoteado, ninguneado, empezando un sueño entre barro y trolls. El revés te hace pensar que todo es mentira. Que esa es la vida que te espera y que unos nacen arriba y otros abajo.
La vida te da templanza. Con el tiempo, el “todo” y el “nada”, se convierten en un “depende”. Emprendes una desesperada lucha por establecer tus prioridades y tratar de conseguirlas. Parece fácil, todo es organizarse.
Ganas una y pierdes otra. Así indefinidamente. A veces pierdes la misma que ganaste. Alguna vez incluso la pierdes antes de ganarla. Tu lista universal se convierte en un chorizo de tachones y remiendos que ya no sabes por dónde coger, así que te dedicas a vivir al día. A dejarte llevar, hasta que el tren sin destino que es tu vida, te acerque a una buena estación. O una estación, a secas.
Y cuando empiezas a echar cuentas y ves que por fin parece que sigues una vía definida, llega el revisor y te obliga a cambiar de tren en la próxima parada.
A día de hoy, por fin me he puesto en paz con Hacienda y Tráfico. Mi estado económico vuelve a mejorar.
Vuelvo a sonreir en el trabajo. Por fin termina el infierno de proyecto y me divierto cada día con los compañeros.
En unas semanas, volveré a mi amada Finlandia con la cámara cargada y amartillada.
Paralelamente, por fin renovaré mi escritorio, con un fistro de Sony VAIO y un monitor TFT de 22″, con el Photoshop CS4 de regalo.
Para meter todo eso, en este mes estrenaré casa, si encontramos, claro. Madrid, mon amour.
Y para joder la marrana, el lunes me trasladan a un proyecto al noreste de Madrid indefinidamente. Para más señas, al CPD de Banesto. Infierno bajo cero en que tantas noches en vela he pasado.
Ya me estoy hartando de que siempre haya alguien que rompa mis castillos en el aire…




























