De planes a corto plazo y metáforas pretenciosas
Parido por tupolev y archivado en General, ReflexionesNo hay relación que acabe sin dolor.
Como un idilio de casi cinco años que ahora toca a su fin, me veo exiliado en mi tierra natal, mientras expulso a golpe de tos la película que me protegió de todo lo malo y me preparo para un nuevo clima, que mi cuerpo parece querer rechazar. Pues, no os equivoquéis, retrocedo solo para coger impulso.
A ella le delata su arrogancia. Se muestra autosuficiente durante el día. Ignora mi ausencia. Pero de noche, cuando nadie parece verla, llora en soledad. Despechada, ella grita, enfurece y hace sufrir a los que tiene alrededor. Destruye y contraviene, como un niño rompe sus juguetes en un desproporcionado berrinche contra el mundo.
Madrid no soporta mi huida y demuestra su ira como mejor sabe: creando el caos. Juega con la caja de Pandora y lanza sus peores vientos, hila lluvias torrenciales con colosales nevadas, jugando a su antojo con el mercurio. Colapsa el ritmo de la ciudad, pero de nada sirve quejarse. Está herida y no atiende a razones.
Para colmo, como una mala suegra, España no soporta ver llorar a su hija y carga con furia contra carreteras, ferrocarriles y aeropuertos, en un último intento por bloquear mi periplo.
Por desgracia, no entienden que en su ira está mi fuerza. Que mientras ellas juegan con el tiempo a su antojo, yo miro al Norte, desde mi ventana. Puedo sentir la mano de la Esperanza sobre mi hombro; con el mapa en una mano y un inhalador en la otra. Quinientos microgramos de voluntad por dosis. Esta vez no voy a fallar.























