Apaleadlos. Apaleadlos y volved a sentarlos, atados si hace falta, a la silla. Volved a contarles historias sobre Carlos V; sobre los visigodos; sobre el siglo de oro. Y cuando lleguéis al 36, obviad miserablemente los siguientes 50 años, como hicísteis con mi generación. Ocultadles la represión. Mostradles la pantomima transicionista y vendedles el cuento de la España meritocrática.
Contadles que el trabajo dignifica, que los empresarios nacen para darnos trabajo; los políticos, para velar por el interés común y la policía, para protegernos. Que el capitalismo neoliberal es el culmen de la evolución social y que quienes nos oponemos, somos un peligro para la sociedad y una vergüenza para nuestra familia.
No os cortéis, contadlo así. Y al que dude, partidle los dientes de un porrazo. ¿Quién se cree que es ese jovenzuelo, para poner en evidencia la mierda que los “mayores” hemos permitido crear, mientras veíamos el fútbol?
Seguid creando una generación de mártires y dentro de unos años, echad la culpa a Internet, cuando os revienten los huevos a base de cócteles molotv y bombas lapa.
No, señor Rajoy, no. Una huelga general no es, NI DE LEJOS, lo peor que le puede a Vd. tocar lidiar en esta legislatura.
Mucha suerte.
El enemigo transparente
Parido por tupolev y archivado en Enlaces, General, Internet, ReflexionesTraducción libre del texto original de Uwe Buse y Marcel Rosenbach, aparecido en Der Spiegel (5.12.2011)
Empresas alemanas juegan un importante papel en el millonario mercado de las tecnologías de vigilancia con que los déspotas árabes espían a sus ciudadanos. Las compañías ganan dinero incluso con métodos prohibidos en la república alemana.
Vive en Bahrein, una isla en el Golfo Pérsico. Es profesor de inglés, casado, padre de un chico de nueve años y, además, líder de un grupo muy especial: el de los que han sido torturados por el gobierno de su país.
Abd al-Ghani al-Chandschar lo sufrió, como el dice, seis veces durante los últimos diecisiete años y sobre esa experiencia habló, ante la Cámara de los Comunes británica y ante representantes de las Naciones Unidas.
Desde hace ocho meses, sin embargo, Chandschar no puede ser visto u oído en ninguna parte. Vive en clandestinidad en Bahrein, en contacto únicamente con organizaciones pro derechos humanos, que conocen la forma de ponerse en contacto con él, por medio del servicio de telefonía a través de Internet Skype.
Durante la primera llamada, la pantalla permanece en negro. Sólo se oye la voz del interlocutor, probablemente un hombre. Tras brindarnos su confianza, se ve una pared encalada. A su izquierda, una ventana, rematada por una floreada cortina. Chandschar está sentado delante, con una camisa blanca. Lleva auriculares con micrófono. Se disculpa, entre risas, diciendo “Siento lo de mi corte de pelo. Lo tengo que hacer yo solo y no tengo espejo.”
Chandschar vive desde hace alrededor de un año en esa habitación, donde puede dar cinco pasos en una dirección y cuatro en la otra. Lo hace regularmente, siempre durante quince minutos. Quiere mantenerse en forma, por lo que pueda venir después. Nadie sabe para qué podrá necesitar sus fuerzas.
La habitación pertenece a un conocido que mantiene a Chandschar escondido, un enemigo del gobierno que ya fue arrestado por planes subversivos. En febrero, cuando la Primavera Árabe comenzaba, el rey de Bahrein suspendió su condena, probablemente para apaciguar a los manifestantes de su país. Chandschar habló con los manifestantes. Poco después, se enteró de su inminente detención y fué condenado, en ausencia, a quince años de prisión.
Chandschar dice que hay docenas de clandestinos compartiendo su mismo destino, torturados para obligarles a hablar y que se encontraron con pruebas incriminatorias en los interrogatorios, con grabaciones de sus llamadas y copias de sus emails y conversaciones de mensajería instantánea.
Alstervergnügen: Caminando sobre las aguas
Parido por tupolev y archivado en Fotografía, GeneralEl Alster se hiela casi cada año. Pero tanto como para permitir la asistencia masiva desde el propio ayuntamiento, no. Dicen que hacía quince años desde la última vez que montaron el último “Alstervergnügen”.
Montan puestos de comida y bebida, acotan áreas para practicar deportes de hielo, alquilan patines y trineos…
Y la ciudad responde como siempre a la lamada de la fiesta. Durante esta semana, prácticamente todo el mundo ha debido cruzar el lago helado y aprovechado para tomarse un Glühwein y una Currywurst. Los trenes han ido todos los días llenos de trineos, patines y gente con moratones.
Toda una experiencia, sobre todo para los que venimos de otras latitudes.

























