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La teoría del cristal roto

Parido por tupolev   y archivado en   General, Reflexiones, Software

La llamada a filas de mi jefe, rompió la usual monotonía de teclados claqueteantes que se respiraba en nuestro despacho.

-Manuel, ¿puedes venir un momento, por favor?

-Claro, jefe.

Esperaba que se me hubiera pasado algún detalle “sin importancia”. No sería la primera vez que me sonrojo viendo mi propio código fuente, semanas después de haberlo escrito. Pero no. La cosa iba a ser más metafísica.

Dejó su portátil por un instante, recostóse sobre su silla y cruzó las manos al más puro estilo Merkeliano.

-Quiero contarte una anécdota. -Dijo-

-Hace unas décadas, un famoso sociólogo decidió hacer un experimento, para demostrar una peculiaridad del carácter humano. Este señor aparcó un coche en la puerta de un supermercado a altas horas de la noche, dejándolo allí varias semanas.

-En una época en la que la grúa no solía hacer estragos y las alertas terroristas no eran comunes, el resultado fue que el coche estaba intacto cuando el sociólogo volvió a por él.

-Días más tarde, aparcó un coche similar en el mismo sitio, a la misma hora. La diferencia es que esta vez, enrolló su camiseta alrededor de su puño y le rompió un cristal lateral. Uno cualquiera, no importa. Y volvió a dejarlo allí, el mismo tiempo que con el anterior vehículo.

-¿Sabes qué pasó? -Me espetó-

Bloqueado por lo inusual de la conversación, lo más que acerté a decir, fue:

-Si hubiese sido en España, el coche estaría desvalijado y muy probablemente destrozado, por molestar, jeje.

-No, no. -Dijo, con hanseática sonrisa- No tiene nada que ver con España. Al menos, que yo sepa. Efectivamente, el coche apareció destrozado e inservible.

-Su conclusión fue que el poco respeto que profesa el ser humano por lo ajeno, se pierde cuando éste considera que su legítimo dueño no lo cuida como debe.

Soy particularmente aficionado a este tipo de historietas, que te dejan con la boca abierta y diciendo “aaaahhh“. Esto hizo que me viniese arriba, cortándole:

-¡Claro! Y cada persona que se acercaba al coche, lo veía más y más destrozado y devaluado, por lo que el respeto disminuía progresivamente y los ataques, a su vez, eran cada vez más destructivos, hasta dejarlo en “siniestro total”.

En ese momento, volvió a girarse hacia su portátil y movió el cursor hacia el inicio de una rutina que yo había escrito días antes, a la que había denominado “la muerte a pellizcos“.

-Correcto. -Sentenció- Y eso es lo que le sucederá a todo lo que escribas para otros, si no cuidas al máximo tus detalles. Cuando alguien ve ésto, o bien se asusta al ver algo tan esotérico e intenta pasar de puntillas o bien piensa “bah, no será tan importante” y lo devalúa con más código espagueti, convirtiéndolo progresivamente en un montón de mierda. ¿Me explico?

-Ajá. -Asentí, sonrojado y en medio de una risa nerviosa, mientras me rascaba la cabeza.

-Por lo demás, muy muy buen trabajo. Gracias, Manuel. -Sentenció.

Y volví a mi sitio, con la imagen mental de mi culo marcado con cinco dedos y mi padre gritándome “¡Ya me darás las gracias cuando seas padre tú!“.