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¡Ay que frío!

Parido por tupolev   y archivado en   General, Reflexiones

Me pregunto en qué parte de la historia, perdimos -plural mayestático- el gusto por el calor natural y decidimos que era mejor gastar toneladas de combustible fósil para mantener la ciudad a la misma temperatura que el centro en Feria.

Madrid es la hostia, en todos los sentidos. Pero por desgracia, cuando llega el invierno -finales de Septiembre, según El Corte Inglés- me entran ganas de quitarme el cinturón y hacer de padre contra la disctadura de la estulticia colectiva, a la que me veo sometido cada día.

He vivido en Girona y en Málaga -pueblos y capital- hasta que inicié esta aventura mesetaria y los inviernos los recuerdo siempre pertrechado con cazadora y jersey en exterior y con chándal en interior. Eso cuando el tiempo refrescaba, porque lo normal eran inviernos suaves. Pero ojo, un invierno suave en Málaga es como un invierno duro en Madrid. En el sur no nieva, pero 10ºC con la humedad costera, se te clavan en los huesos más que una mañana mesetaria de 0ºC.

El caso es que, por respeto mutuo, por cultura, por ahorro o por lo que sea, la conducta allí es vestirse con capas de ropa y abrigarse cuando se tiene frío y ¿desabrigarse? cuando se tiene calor. El modo cebolla, vamos. Y tan felices, oiga. El único gasto es en ropa y percheros.

Entonces le da a uno por emigrar y, al llegar a Madrid, se encuentra con dos conceptos casi desconocidos -por cultura, más que por estatus, como algún esnob pensaría- en su tierra: Calefacción central y suelo radiante.

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