Aprieto los auriculares sobre mis oídos y cierro los ojos.
La asfixiante oficina se desvanece de repente y solo quedamos él y yo. La voz rasgada de Mark Knopfler me cuenta historias de su juventud. Lugares y épocas que no conocía. Me recuerda cuando me sentaba junto a mi abuelo, de pequeño y él me hablaba de sus viajes, sus trabajos. Y la guitarra y el teclado, son como las arrugas en la cara y las manos encallecidas, que atestiguan sus palabras.

Como entonces, no puedo evitar soñar despierto y quedarme boquiabierto mientras me esfuerzo por evitar derramar esa lágrima que asoma, de pura emoción, tanta emoción que duele.
Y la repito, una y otra vez. Y deseo tener su voz, tener sus dedos. Poder hacer esa magia con mis propias manos. Todo lo que yo intento -y no consigo- cuando agarro la cámara, ellos lo consiguieron hace años.
Es hora de irse. Me espera un curso que atender. Me levanto y bajo, silbando una y otra vez, ese sólo de guitarra…y la vida vuelve a ser bella por unos instantes
Tags: dire.straits, genial, knopfler, live, mark, Música, Reflexiones, sultans, swing
























