Me han robado la cartera (Parte III)
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Me han robado la cartera (Parte I) y Me han robado la cartera (Parte II)
En fin, que como dije al inicio de la primera parte, de todo se aprende. Así que quiero compartir, por un lado, los pasos que he dado desde el momento de la sustracción, hasta la recuperación completa y, por otro, algunos consejos que se me ocurren, para evitar esto en el futuro. Algunos pasos se aplican a mi situación en la Seguridad Social, de andaluz residente en la Comunidad de Madrid.
Otro detalle a tener en cuenta, es que aquí hablo de hurto. Robo sin violencia y en pasado. Es decir, te das cuenta de que te falta la billetera, después de que haya sido sustraída, no durante el hurto. Por lo que no tienes al autor, ni posibilidad de saber quién es.
Lo primero que hay que hacer si detectas que te han robado la cartera, aunque parezca obvio, es mantener la calma. A no ser, que el ladrón haya salido corriendo y sea visible su actitud, como para que alguien le corte el camino, no sirve de nada gritar o volverse paranoico. Mira a tu alrededor y observa la actitud de quienes te rodean. Si sospechas de alguien, quédate con su descripción. Pero es probable que ni la Policía te la pida.
Céntrate. Vayamos por partes:
¿Llevabas tarjetas de débido/crédito/contraseñas o libretas bancarias? Hay que darlas de baja inmediatamente. No podrán sacar dinero, pues no tienen el PIN. Pero es posible comprar a través de Internet e incluso en comercios físicos, dependiendo de la tarjeta y sin presentar ni la documentación. Evita riesgos y desactívalas. Tu entidad te facilita un número telefónico operativo las 24h para ello. Infórmate y tenlo siempre a mano o busca una sucursal cerca de donde estés. Llamar a información es la última opción. Suelen ser bastante incompetentes en estos temas.
Con las tarjetas bloqueadas, más de lo que acaban de robarte no perderás. Así que tranquilo y a denunciar. Busca una patrulla o dirígete a la comisaría más cercana. No tengas miedo a llamar al 091. No vas a tener una patrulla en la puerta a los dos segundos, pero te dirán el lugar al que debes ir.
Las denuncias comunes se tramitan de manera unificada en el centro de denuncias, por lo que cuando llegues a la comisaría, el agente de turno te hará pasar a la sala de espera, te dará un número y te dirá que, antes de que te toque turno, debes llamar al número del centro de denuncias y formularla, para que te den un código de referencia, que el agente que te tome declaración personalmente te pedirá.
El número es el 902 102 112. Es un número de pago, pero en la propia comisaría te deberían facilitar un teléfono para hacer la llamada de manera gratuita. Esto es una buena opción si te han robado el móvil o hay saturación en el servicio. En otro caso, intenta hacer la llamada por el camino. Adelantarás tiempo.
Esto es un consejo personal: En la sala de espera, no te vuelvas paranoico. Haz una lista, mental o escrita, de todo lo que llevabas en la billetera. Por teléfono ya te la habrán pedido, pero puedes repetirlo ante el agente. Nadie es perfecto. Por otro lado, tranquilízate y trata de entablar conversación con alguien. Dependiendo del momento, puedes pasarte bastante rato allí, así que busca una evasión mental.
¿Listo? Ya tienes tu copia firmada de la denuncia. deberías irte a dormir, que mañana te espera un día duro.
A estas alturas, te habrás dado cuenta de que no tienes un duro en metálico y las tarjetas volaron. Usa la libreta de tu cuenta para sacar efectivo, como para una semana, que es lo que tardarán los duplicados de las tarjetas en llegar a la sucursal de tu entidad. Si no tienes libreta o no recuerdas el PIN, ve a la sucursal de tu entidad, con la copia de la denuncia y el pasaporte y pide que te activen y den una nueva tarjeta de claves para el acceso a la oficina virtual, si la usas y un nuevo PIN para tu libreta. Si no tienes pasaporte o también voló, inténtalo con el carnet de conducir, pero te adelanto que estás jodido, pues el carnet de conducir no tiene validez administrativa, más allá de las competencias de Tráfico.
Ahora toca recuperar la documentación básica. DNI, Tarjeta de la Seguridad Social y tarjeta sanitaria.
Para recuperar el DNI, tendrás que pedir cita previa al teléfono 902247364, de pago y basado en un sistema automatizado pésimo. Suerte y paciencia, pues te darán cita para mínimo una semana después. Otra opción es plantarte en una comisaría donde expidan el DNI y hacer cola. Te dirán que necesitas cita previa, pero con la copia de la denuncia y alegando el carácter de urgencia de la situación, el agente de turno puede apiadarse de ti, con lo que en un rato -un buen rato-, tendrás tu DNIe listo.
Con la Seguridad Social no será tan rápido. Si estás en mi caso, tendrás que recuperar dos tarjetas, con el mismo procedimiento. La diferencia es, que una la tendrás que pedir donde vives y la otra en tu ciudad de origen, si no tienes los datos cambiados.
Persónate por la mañana en el centro de salud que tengas asignado, con la copia de la denuncia y el pasaporte y sigue las instrucciones que te manden. El final del proceso es que te mandan la tarjeta por correo ordinario a la dirección que figure en tu expediente. Estúpido y burrocrático, pero es lo que hay.
Con la de la comunidad donde resides, será fácil. En una mañana lo puedes dejar listo y en quince días, tarjeta nueva. Sin embargo, con la de tu comunidad de origen, por motivos obvios, lo tendrás más crudo. O aprovechas unos días de descanso allí -laborables, claro- para el papeleo, o buscas a alguien que te haga el favor. Aún así, recuerda que ese alguien tendrá que enviarte la documentación a tu casa para que la firmes, se la devuelvas y la entregue él en el centro de salud de nuevo. Cansino a niveles picassianos, sí.
Si el carnet de conducir también desapareció, ve a la Jefatura Provincial de Tráfico más cercana, con la denuncia de marras en una mano y el pasaporte en la otra y busca la cola de renovación de permisos. Suerte, este paso no lo he tenido que dar, pero pinta lento. Por unos cincuenta euros, cualquier gestoría lo puede hacer por ti. Tú verás.
Con esto, ya vuelves a ser ciudadano burocráticamente en regla y con acceso a los servicios básicos y a tu propio dinero. Da gracias al Estado por hacer que los cincuenta euros que te han robado, te duelan menos que recuperar la documentación.
Anda, pues me da para otro capítulo
(Terminará…ahora en serio)
Viene de: Me han robado la cartera (Parte I)
Tras prestar declaración y recibir la copia de la denuncia formulada, la cual me ahorrará los costes de tramitación de un nuevo DNI y tarjetas de Salud Madrid y Servicio Andaluz de Salud -yo soy un pobre emigranteee…- y facilitará la anulación de cualquier cargo a las tarjetas, posterior a la sustracción de las mismas, nos despedimos de nuestros improvisados compañeros de fatigas y tras un paseo comentando lo extraño de la noche, la dimos por terminada. Eran las cuatro de la mañana.
El amable policía nos había comentado que gran parte de las carteras extraviadas, se localizaban durante la siguiente semana. Dado que las tarjetas se bloquean y son fácilmente trazables, tras sacar el dinero en efectivo, el resto sirve al ladrón, por lo que se deshace de ella inmediatamente y en cualquier parte. De no ser así, es un cargo más a sumar a la lista, si la policía detiene al sujeto posteriormente. Así que lo normal, es que en los días siguientes, paseantes y barrenderos se encuentren por la calle con billeteras desplumadas, pero con la documentación intacta.
A la mañana siguiente sucedió lo vaticinado, aunque de manera peculiar.
Era mediodía, cuando una llamada al móvil me despertó súbitamente. Mi primera reacción fue pensar que sería la Policía, pero no. Al otro lado estaba el responsable Canonistas.com, foro de aficionados a la fotografía al que pertenezco como suscriptor anual y cuyo carnet llevo siempre en la cartera, junto a la antigua acreditación de ADIF, para pasar la cámara en estaciones de ferrocarril y aclarar posibles malentendidos.
El amigo canonista me preguntó, con extraña precisión, que si había perdido la noche anterior una cartera con la descripción y datos exactos de la mía. Atónito y aún un poco grogui, le respondí que sí, mientras intentaba hilar fino y elucubrar lo que había podido suceder, aunque me costaba creerlo. Pero era cierto. Una chica encontró la cartera paseando esa mañana y se tomó la molestia de tratar de encontrar algo con lo que localizarme, antes de iniciar las pesquisas legales en comisaría, supongo.
Dado que el DNI no incluye datos de contacto reales, pues la dirección física es de Málaga, la muchacha rebuscó entre la maraña de papeles y encontró el susodicho carnet que, si no recuerdo mal, incluye una especie de disclaimer instando a quien encuentre el carnet, a contactar con el foro, cuya dirección aparece también. Y la chica, ni corta ni perezosa, allá que fue. Usando el formulario de contacto para informar del hallazgo al responsable, que no dudó en usar la base de datos para conseguir mi móvil y llamarme, pidiéndome autorización para facilitar mis datos de contacto a la chica.
Todo esto puede sonar rimbombante y burócrata, pero tiene su lógica. El foro está sujeto a las leyes LSSICE y LOPD españolas, por lo que cualquier uso de la información privada de sus usuarios, conlleva un riesgo de sanción administrativa para su responsable, si no anda con pies de plomo. Pero la situación estaba fuera de lo normal.
Esa misma tarde, una bonita voz, femenina y desconocida, me preguntaba al móvil si era yo el de la cartera. Me confirmó lo que había imaginado, así como que la cartera era irrecuperable, por el charco ponzoñoso en el que la encontró, pero la documentación estaba intacta. Lo cierto es que no pude evitar entristecerme por la pérdida de un objeto personal que significa mucho para mí y que siempre llevaba escondido en un remoto bolsillo de la billetera, junto a tres jumpers. Pero, sin duda, era una gran noticia. La encantadora desconocida me acababa de ahorrar semanas de odiosa burocracia.
Concretamos que le llamaría al día siguiente, para que pudiera salir de fiesta y dormir a gusto -como para meterme en Chueca otra vez estaba yo…- y…y nada, porque desde entonces no consigo localizarla. Pero bueno, sigo intentándolo, mientras inicio los trámites para renovar la documentación perdida, por si acaso.
(Terminará…)
De to’ se aprende, dicen en mi tierra.
Lo que debió ser una noche de risas y fiesta en la calle, acabó siendo para mí y mi sufrida amiga -que cada vez que salimos nos pasa algo- una velada en la sala de espera de una céntrica comisaria de Madrid.
Resumiendo, al salir del Metro a una abarrotada Plaza de Chueca en plenas fiestas del Orgullo Gay, noté que la billetera había desaparecido del bolsillo trasero del pantalón. En un recorrido de apenas diez metros, entre empujones y ríos de gente, alguien aprovechó la situación para deslizar su mano en mi pantalón con otro tipo de deshonestas intenciones. Posteriormente pude llegar a la conclusión, de que no fue una ocasión fruto de la pericia de un carterista. Lejos de esa romántica visión del hurto, esa noche se concentró en aquella plaza lo más selecto del gremio de amigos de lo ajeno, hi-jos-de-pu-ta todos, dispuestos a hacer su agosto, entre decenas de miles de personas, borrachas de amor, pasión, buenrollismo, calimocho y “manteca”.
En el momento en que me doy cuenta de lo que sucede, una sensación de impotencia me invade. Toda mi documentación -amén de pequeños efectos personales de gran valor sentimental- ha volado, como por arte de magia y alrededor mío, nadie parece haberse percatado. Nadie, excepto un malnacido que se ríe de mi desgracia, sabiendo muy bien lo que ocurre, pero poco dispuesto a colaborar.
“Hay que salir de aquí” me dice mi acompañante, a voces entre la multitud. Y no le falta razón, volviendo a la consciencia, me doy cuenta de que el sujeto se ha llevado las tarjetas, que hay que bloquear inmediatamente. Tal como está la plaza, tenemos el mismo tiempo que él para escapar. Así que, a empujones y repitiendo “disculpa” y “perdona” sin parar, conseguimos abandonar el tumulto, en busca de un rincón donde poder llamar al banco y de paso buscar una patrulla policial. Patrulla, por cierto, inexistente. Vergonzosa fue la nula presencia policial esa noche. Apostados en los accesos exteriores al barrio y más ocupados en mantener el orden circulatorio en la Gran Vía, que en garantizar la seguridad en las propias fiestas. Pero eso es otra historia.
En diez minutos, contestadores robóticos mediante, consigo dar de baja las tarjetas de una entidad. Mientras, mi acompañante intenta conseguir el de la otra entidad, llamando a información. Para variar, más que informar, desinforman. Los tres intentos acaban en números incorrectos. Hasta que, ya en mitad de la Gran Vía, veo una sucursal con el teléfono impreso en la puerta. Cinco minutos de llamada y tarjeta bloqueada. Unos treinta minutos en total, desde que empezamos a llamar, hasta que cancelamos las tres tarjetas, de dos entidades distintas. Unos cuarenta en total, desde que se produjo el hurto. Recemos para que no hayan intentado nada en ese tiempo.
La noche termina en comisaría, donde me remiten a un número telefónico 902, donde formular la denuncia previa y esperar a prestar declaración en una abochornante salita. Salita que se convierte en un gallinero cuando a los presentes nos da por reir, mientras nos contamos lo sucedido. Tirones más o menos discretos, algún atraco y un chico con suerte a cuyo ladrón cazaron con varias carteras encima, se sumaban a la última moda en discreción: el cutter. El mangui se vale de un instrumento afilado para cortar la tela del bolso o del propio pantalón o falda, haciendo caer en su mano la billetera, sin que la víctima sospeche lo más mínimo, hasta un buen rato después.
Un amable agente, de puerta esa noche, nos confirma lo que venimos hablando entre todos. En lo que va de noche, son doscientas ya las carteras sustraídas. El pasado año, durante todas las fiestas del Orgullo, fueron más de quinientas. La celebración del Europride, hizo correr la voz de que la Plaza de Chueca y aledaños se transformaban en un enorme campo de prácticas, repleto de gente con poca ropa, alcohol a raudales y mucho dinero. Pa‘ qué más…
Lo peor de todo es que, por aledaños, me refiero a varios kilómetros a la redonda. Por lo que me temo que la técnica del cutter ha llegado para quedarse entre nosotros. Un desconcertado chico sudamericano, se lamentaba mientras nos mostraba el enorme corte que atravesaba el bolsillo trasero de su pantalón corto y gran parte de éste.
(Continuará…)
























