Malos tiempos corren, cuando llevar una cámara te hace objetivo, ya no solo de los amigos de lo ajeno, sino de las propias fuerzas de seguridad.
Unos, por su tendencia natural al comunismo mal entendido -lo mío pa mí y lo tuyo, mío o te pincho-. Otros, por la paranoia institucionalizada, mezcla de inseguridad e intereses varios, que les ordena desde arriba desconfiar de todo aquél que haga más de dos fotos y no parezca japonés.
Tras el infructuoso intento de hacer una galería sobre aviación comercial -motivado quizá por el hecho de que un fotógrafo a las tres de la mañana, acompañando a una patrulla de la Guardia Civil, en plena polémica sobre el hurto en equipajes en Madrid-Barajas, quedaba raro-, de la que solo pude sacar algunas instantáneas y de cuestionable calidad (aeronave en revisión - aeronave estacionada - panorámica desde el otro lado de la pista), esta semana descubrí varias cosas.
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