Jejeje. Al final fue Berlín la ciudad sorpresa

Tras dos semanas jugando al despiste, incluyendo pistas falsas y vuelos inexistentes de compañías equivocadas, llegó el viernes y allí estábamos. Listos para pasar un fin de semana a lo grande, pero solo yo sabía dónde
En casa, todos la adoran. Y se pasaron el viernes preguntándome por ella, con una sonrisa, mientras les contaba el plan.
Camino al aeropuerto, no paraba de contarme cómo todos hacían sus cábalas, mientras seguía especulando destinos, con acrobáticas razones para ser o no ser. Me lo estaba pasando en grande, me encanta verla excitada de alegría. Es una de las personas más vivaces que conozco y disfruto cuando comparte sus ganas de vivir conmigo.
La estricta parafernalia aeroportuaria nos jugó una mala pasada. En el mostrador de facturación podía leerse el ansiado destino, junto al código de vuelo y la hora de embarque. Y quedaría demasiado raro vendarle los ojos (demasiadas explicaciones al personal de seguridad). Así que intenté dar un giro a la historia, diciéndole que era solo una escala.
Pero la niña, resulta que ha viajado más que un servidor y sabe que, para un día y medio de estancia, era raro que tuviéramos que coger otro vuelo, desde Berlín a no se sabe dónde, más allá de la medianoche. Así pues, entregándole una guía turística en vuelo, le confirmé sus sospechas: Pasaríamos el fin de semana en Berlín

¿El resultado? Un fin de semana corto pero intenso, donde hemos alternado relax, estrés, pitorreo y momentos de reflexión, en un momento idóneo para ello.
Este es mi regalo, Rocco. Feliz cumpleaños y feliz “fin” de carrera
¿Repetimos? ^_^























